viernes, 10 de octubre de 2025

"Il Sacro Bosco". Un trazado en el tiempo y el espacio.

 

Un trazado en el tiempo y el espacio: Bomarzo.

 BOMARZO

 "Un trazado en el tiempo y el espacio"

Vamos a desandar un camino, en sentido inverso, desde lo más cercano a lo más lejano; aunque a veces las distancias del tiempo y el espacio se deshacen en los vericuetos de los sentidos profundos de los relatos.


Este trazado florece en una novela de Manuel Mujica Lainez, periodista y escritos argentino que construyó un relato que le obsesionó como propio, creyendo que él mismo era parte de una historia anterior que nos llevará hasta el renacimiento italiano, me refiero a “BOMARZO”, oigámoslo en sus propias palabras…


Pero el personaje que nos interesa no es Mujica ni Orsini, sino el mismísimo “Il Bosco Sacro” de BOMARZO


Y en el origen de Bomarzo, otro texto, más antiguo aún que las especulaciones de Mujica Lainez, la Hypnetoromachia Poliphilli…

22 comentarios:

  1. Lo que más me impacta del Jardín de Bomarzo es que, a diferencia del arte renacentista clásico, este lugar no intenta ser perfecto ni armónico. Al contrario, está lleno de figuras extrañas, monstruos y esculturas que provocan más preguntas que respuestas. Siento que el jardín transmite una especie de caos emocional, como si su creador hubiera querido expresar algo íntimo o doloroso a través de estas formas tan poco comunes. Por eso entiendo por qué ha generado tanta fascinación, incluso en personas como Manuel Mujica, es un espacio que no encaja en ninguna norma y que invita a imaginar qué hay detrás de cada figura. Incluso cuando se menciona la Hypnerotomachia Poliphili, Bomarzo sigue destacando porque se siente más personal, más humano y más desconcertante, como si fuera un reflejo de algo profundo que no se puede explicar del todo.

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  2. Algo llamativo de Bomarzo, es que es como entrar en un sueño (o pesadilla) renacentista.

    Mientras que en esa época todo el mundo buscaba la simetría y la belleza perfecta, aquí parece que se buscó todo lo contrario: el misterio, el miedo y la sorpresa. Me parece fascinante que un lugar pueda estar diseñado no solo para pasear, sino para desorientarte y provocarte cosas raras con esas figuras monstruosas.

    Además, la conexión con la novela de Mujica Lainez le da otra capa de profundidad. Es loco pensar cómo un lugar físico puede inspirar una historia tan potente siglos después, como si las piedras mismas guardaran el drama de quien las mandó a construir. Al final, Bomarzo no es solo un jardín, es como un laberinto psicológico hecho piedra.

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  3. Lo que más impresiona de Bomarzo es que se siente como entrar en un sueño extraño del Renacimiento, uno que va totalmente en contra de la perfección y la armonía que caracterizaban esa época. En vez de belleza equilibrada, el bosque ofrece figuras inquietantes, desproporcionadas y casi teatrales, como si hubieran sido puestas ahí para confundirte y despertar emociones que normalmente no se buscan en un jardín.

    Esa sensación se vuelve aún más intensa cuando uno piensa en cómo este lugar inspiró la novela de Mujica Lainez. Es casi como si el bosque tuviera memoria propia, capaz de activar historias y obsesiones incluso siglos después. Las esculturas parecen guardar algo de la vida interior de quien las mandó construir, convirtiendo el recorrido en un viaje más psicológico que físico.

    En el fondo, Il Sacro Bosco no es solo un espacio para pasear: es un laberinto simbólico donde uno se enfrenta a lo extraño, lo misterioso y lo profundamente humano.

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  4. Lo que encuentro fascinante de Bomarzo es su carácter desafiante. Mientras que el arte de su época buscaba calmar el espíritu con orden y proporción, este jardín parece diseñado intencionalmente para inquietar y confundir. Es como si su creador hubiera decidido esculpir sus propios demonios y traumas en lugar de dioses perfectos, convirtiendo el paisaje en algo mucho más visceral y honesto.

    Esa atmósfera tan cargada explica perfectamente por qué atrapó la imaginación de Manuel Mujica Lainez. Las esculturas no parecen simples adornos de piedra, sino personajes con alma que tienen algo que decir. Al final, veo a Bomarzo no como un lugar de descanso, sino como un escenario teatral y dramático donde la naturaleza y lo monstruoso se mezclan para contar una historia que, aunque pasen los siglos, sigue siendo un enigma.

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  5. Lo que más me atrae de Bomarzo es lo provocador que resulta. En vez de buscar armonía y belleza clásica, este jardín parece hecho para descolocar: no tranquiliza, incomoda. Da la sensación de que su creador plasmó ahí sus miedos y obsesiones, no ideales perfectos, y eso lo vuelve mucho más humano y directo.

    Por lo mismo entiendo por qué fascinó tanto a Mujica Lainez. Las figuras de piedra no se sienten como simples esculturas, sino como personajes que cargan una historia propia. Para mí, Bomarzo no es un lugar para relajarse, sino un escenario intenso donde lo natural y lo monstruoso conviven, creando un misterio que sigue latente incluso siglos después.

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  6. Ver la entrevista de Manuel Mujica Lainez hablando de Bomarzo me hizo ver la obra con otros ojos. Es fascinante cómo él se sintió predestinado a contar la historia del Duque. Me parece increíble también, pensar que todo ese universo de monstruos de piedra haya nacido de la inspiración de un libro tan complejo como el Hypnerotomachia Poliphili, casi como si hubieran materializado un sueño extraño en la realidad. Pero lo que encuentro realmente genial es la anécdota de la visita de Salvador Dalí al jardín. Esa unión entre una obra tan bizarra y un artista tan excéntrico me parece perfecta, como si el surrealismo de Dalí hubiera encontrado su verdadero origen en pleno Renacimiento.

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  7. Olvidé poner mi nombre: Franco Muñoz A

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  8. Lo que resulta fascinante de Bomarzo es su naturaleza desafiante y contraria a la norma artística de su tiempo. Mientras el arte de la época priorizaba el orden y la proporción para buscar la calma del espíritu, este jardín parece concebido deliberadamente para inquietar y confundir al visitante. Es como si su creador hubiera optado por esculpir sus propios demonios y traumas internos, en lugar de representar figuras de dioses perfectos, lo que convierte el paisaje en una expresión mucho más visceral y honesta.

    Esta atmósfera densa y cargada explica perfectamente por qué un escritor como Manuel Mujica Lainez se sintió cautivado. Las esculturas no son meros adornos de piedra, sino personajes dramáticos dotados de un alma perturbadora. En última instancia, Bomarzo se revela no como un lugar de descanso, sino como un escenario teatral donde la naturaleza y lo monstruoso se fusionan para narrar una historia que, a pesar del paso de los siglos, mantiene su esencia enigmática.

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  9. La obra de Bomarzo es mucho más que un lugar o una obra literaria, sino que se convierte en un portal hacia el Renacimiento italiano y un reflejo de los laberintos internos del autor, donde se fusiona la historia con la obsesión personal, llevándonos a un pasado en el que él mismo siente ser parte de una historia que le pertenece, conectando al lector con la magia y el misterio del Bosco Sacro.
    La obra de Mujica , al igual que el propio Bosco Sacro, busca llevarnos a un lugar donde las distancias entre el tiempo y el espacio se deshacen. Nos habla de cómo la historia no es algo lineal, sino un conjunto de relatos que, como el jardín de Bomarzo, nos invitan a recorrerlos sin un destino fijo, sino más bien guiados por las emociones y los sentidos profundos. El Bosco Sacro se presenta como un testimonio tangible de esa historia, mientras que el texto de Mujica ofrece la interpretación literaria, un puente que conecta la realidad con los ecos del renacimiento, pero también con la memoria del propio autor.

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  10. o que más me llamó la atención de los videos es cómo muestran que ciertos lugares, como el “Bosco Sacro”, mezclan historia, naturaleza y simbolismo de una manera que impacta incluso sin estar ahí. Me sorprendió ver cómo un espacio puede guardar tantos significados y generar emociones tan distintas según quién lo mire.

    También me impresionó cómo estas obras y esculturas, aunque vienen de un pasado tan lejano, siguen transmitiendo misterio y despertando preguntas. Me hace pensar en cómo el arte y la naturaleza pueden conectarnos con otras épocas y hacernos reflexionar sobre nuestro propio lugar en la historia.

    En general, lo que más destaco es esa sensación de que algunos lugares no solo se recorren, sino que también se sienten. Y eso, personalmente, me dejó pensando en la importancia de valorar estos espacios que combinan memoria, creatividad y naturaleza.

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  11. Catalina Ibaceta Ledesma28 de noviembre de 2025 a las 6:58

    Desde mi punto de vista,el Jardín de Bomarzo, o el Bosco Sacro, es mucho más que un parque, es un lugar que desafía por completo las ideas de belleza de su época. Me impacta que, mientras todo el arte del Renacimiento buscaba el orden y la perfección, este jardín esté lleno de figuras extrañas y monstruos hechos para inquietar y confundir a quien lo visita. Siento que su creador esculpió sus propios temores y pensamientos difíciles en la piedra, en lugar de crear dioses perfectos, lo que convierte este paisaje en una expresión muy personal y cruda de su interior.

    Entiendo perfectamente por qué un escritor como Manuel Mujica Lainez se sintió tan atraído por él. La novela y el jardín logran llevarnos a un punto donde el tiempo parece desaparecer, mezclando la historia con algo personal y misterioso. Para mí, el jardín no es solo decoración, sino un escenario teatral lleno de esculturas con un alma perturbadora, que sigue siendo un reflejo de lo profundo y lo que no se puede explicar fácilmente, invitándonos a explorar sus laberintos sin un destino fijo.

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  12. La entrevista de Mujica Lainez me hizo mirar Bomarzo con nuevos ojos: un jardín que parece surgido del Hypnerotomachia Poliphili, como si un algo extraño hubiera tomado forma en la realidad. Es llamativo cómo él mismo se sintió predestinado a contar la historia del Duque, reforzando el aura inquietante del lugar. Y aún contar la anécdota de la visita de Salvador Dalí, casi como si el surrealismo encontrara ahí un origen inesperado en pleno Renacimiento. Para mí, Bomarzo no busca armonía ni consuelo: provoca, incomoda y expone las obsesiones de su creador, haciendo que cada monstruo de piedra parezca un personaje vivo.

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  13. Lo que más me llamó la atención del Jardín de Bomarzo es esa sensación de estar frente a un espacio que no busca agradar, sino provocar. A diferencia de los jardines renacentistas llenos de simetría y equilibrio, aquí todo parece hecho para interrumpir la comodidad del visitante. Las figuras monstruosas, desproporcionadas y casi teatrales dan la impresión de que uno está entrando en la mente de su creador, más que en un jardín.

    Me parece que justamente por eso genera tanta fascinación: no se limita a reproducir los ideales de belleza de su época, sino que muestra algo mucho más íntimo y oscuro. Es como si cada escultura guardara un pedazo de una historia personal que no se cuenta explícitamente, pero que se siente al recorrer el lugar. Entiendo por qué inspiró a Mujica Lainez; Bomarzo tiene esa mezcla de misterio, emoción y simbolismo que convierte al jardín en una experiencia más psicológica que estética.

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  14. Lo que más me impacta de Il Sacro Bosco es que rompe completamente con lo que uno espera de un jardín renacentista. En vez de orden y belleza clásica, está lleno de esculturas enormes y extrañas que generan una sensación inquietante, que parece que cada figura no fue hecha para decorar, sino para descolocar y hacer que uno se pregunte qué quiso transmitir quien creó este lugar.

    Recorrer Bomarzo no es solo caminar entre piedras antiguas, sino también atravesar distintas emociones, ya que sus formas exageradas y grotescas conectan tanto con los miedos y símbolos del pasado como con nuestra propia imaginación.

    En pocas palabras, no es un simple jardín, sino un recorrido que invita a enfrentarse con lo desconocido, lo misterioso y con lo que cada uno lleva dentro. Es un lugar que demuestra que el arte no solo se mira, también se vive y se siente.

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  15. Reflexionando sobre el impacto que genera el Jardín de Bomarzo, creo que su verdadera genialidad reside en que funciona como un psicoanálisis petrificado. Mientras el Renacimiento se esforzaba por proyectar la luz de la razón y el orden divino, Vicino Orsini decidió esculpir sus propias sombras.

    Lo fascinante no es solo la monstruosidad de las figuras, sino la honestidad brutal que representan. Al recorrerlo (o imaginar su recorrido a través de los relatos de Mujica Lainez), uno siente que no está en un parque decorativo, sino caminando por el subconsciente de alguien que decidió no esconder sus traumas, sino hacerlos gigantes y eternos. Esa incomodidad de la que se habla es necesaria; es el precio de enfrentarse a un arte que no busca ser bello, sino verdadero. Es un lugar que nos recuerda que el caos y lo grotesco son tan humanos como la simetría, y quizás por eso, siglos después, sigue sintiéndose tan moderno y cercano a nuestra propia sensibilidad

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  16. Lo que más me atrae del Jardín de Bomarzo es esa sensación de estar entrando en un lugar que no quiere agradar, sino sacudirte un poco por dentro. A diferencia del arte renacentista clásico, que busca equilibrio y perfección, este bosque parece construido desde las emociones más crudas de su creador: monstruos desproporcionados, figuras inquietantes y un ambiente casi teatral que te obliga a mirar más de una vez. Para mí, eso es lo que lo hace tan fascinante. Siento que Bomarzo funciona como un espejo extraño, donde cada escultura revela algo oculto, algo humano, algo que normalmente no se muestra. Entiendo perfecto por qué inspiró tanto a Mujica Lainez: es un lugar que no solo se recorre, también se interpreta. Y mientras lo imagino, me da la impresión de que cada rincón guarda un secreto, como si el bosque tuviera memoria propia y uno entrara en ella por un momento.

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  17. La historia de Bomarzo me dejó con la sensación de estar entrando en un lugar que mezcla sueño, misterio y arte todo al mismo tiempo. Entre la obsesión de Mujica Lainez y las esculturas rarísimas del Bosco Sacro, como que uno no sabe si está viendo un parque, un cuento o un símbolo escondido. Lo que más me llamó la atención es cómo un espacio tan antiguo todavía puede transmitir algo tan fuerte, casi como si fuera un personaje propio con mil historias encima.

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  18. Elegir Bomarzo sobre Versalles es rechazar la ilusión de control absoluto en favor de la experiencia humana real. Mientras Versalles impone una perspectiva infinita donde la naturaleza se somete a la tiranía de la geometría y el poder, Bomarzo (el 'Parque de los Monstruos') abraza la incertidumbre. Su diseño laberíntico no busca ser entendido, sino sentido; al romper con la lógica racional, nos recuerda que el asombro nace de lo inesperado y que la belleza también reside en lo grotesco, lo onírico y aquello que no podemos dominar completamente.

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  19. Lo que me llama la atención es que Bomarzo destaca porque rompe totalmente con el ideal renacentista de orden y belleza. En lugar de armonía, ofrece desconcierto y un poco de caos, un espacio pensado para desorientar y provocar emociones intensas. Sus esculturas monstruosas no funcionan como adornos, sino como símbolos que revelan lo que la estética perfecta de su época dejaba fuera: lo oscuro, lo psicológico, lo profundamente humano.

    Esa cualidad explicativa es la que atrapó a Mujica Lainez. El jardín parece tener vida propia, como si guardara la memoria del Duque y necesitara una voz moderna para narrarlo. Por eso la novela y el bosque dialogan tan bien, porque ambos son laberintos interiores.

    En síntesis, Bomarzo no es solo un jardín: es un espacio que enfrenta al visitante con lo misterioso y lo emocional, un escenario donde lo monstruoso revela verdades que la perfección nunca podría mostrar.

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  20. Con el Jardín de Bomarzo, podemos evidenciar cómo se rompen los esquemas ya definidos y se busca apuntar más allá a través de un estilo en el que el receptor puede recibir muchas emociones distintas ya que no hay un mensaje determinado, sino que da espacio a un sinfín de opciones en las que se puede ver reflejado.

    Por otro lado, Lainez logra inspirarse de manera que su visión cambia a puede entregar mucho más al mundo de lo que hacía por si mismo, por lo que es una muestra clara de que el arte se constituye en conjunto y son este tipo de interacciones las que hacen que las obras sean aún más grandes.

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