viernes, 3 de octubre de 2025

Museo Baburizza

 

Colección del Museo Palacio Baburizza

 





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PODCAST MUSEO BABURIZZA (con el apoyo de UAI)





"La ruta de los museos" Capítulo Museo Baburizza

20 comentarios:

  1. Mi visita al Museo Baburizza fue una experiencia muy enriquecedora. Más allá de la belleza de los cuadros como el famoso de las vacas en la nieve por su enorme tamaño, o la obra hecha con polvos metálicos que destaca de inmediato por su brillo, lo que más me llamó la atención fue la historia detrás de la propia casa y la forma en que Pascual Baburizza decidió habitarla. Recorrer sus salas me permitió entender que su ubicación no fue casual, escogió un punto estratégico en lo alto del cerro para tener una vista privilegiada del puerto. Incluso su dormitorio estaba orientado hacia el mar, lo que le permitía observar la actividad portuaria desde que despertaba y mantenerse atento a sus negocios. Esa combinación de arte, arquitectura e historia personal del dueño hizo que la visita no fuera solo estética, sino también una forma de comprender cómo vivía alguien que buscaba integrar belleza, poder y vigilancia en un mismo espacio.

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  2. Visitar el Museo Baburizza en Valparaíso fue una experiencia completa y envolvente. Me impresionó descubrir que el lugar es 'arte por partida doble': no solo por la inmensa colección de pinturas que exhibe, sino por el palacio mismo. Recorrer sus pasillos, fijarse en los detalles de madera y la arquitectura de la casona, hace que uno sienta que camina dentro de una obra, y no simplemente en un edificio que guarda cuadros.

    Sin embargo, el punto más alto de la visita fue algo totalmente personal. Entre tantos paisajes europeos y costeros, encontrar un cuadro del Valle del Aconcagua fue inesperado. Ver retratada la luz y los cerros del lugar donde me crié, expuestos con tanta importancia en un museo de esta categoría, fue emocionante.

    Ese momento transformó mi visita: dejó de ser solo un recorrido cultural para convertirse en una conexión con mis raíces. Me sirvió para reafirmar que el arte no es solo técnica o belleza lejana; tiene el poder real de evocar nuestra propia historia y darnos sentido de pertenencia, estemos donde estemos.

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  3. Lo que más me gusta del Baburizza es que es una experiencia doble: vas por los cuadros, pero te terminas enamorando de la casa.

    Es increíble recorrer esos pasillos y pensar que alguien realmente vivía ahí, con esa vista privilegiada al puerto. Siento que el edificio no es solo un "envase" para el arte, sino una obra en sí misma, con todos esos detalles en madera y la arquitectura que tiene. Además, me parece genial el contraste entre ver paisajes europeos clásicos dentro del museo y luego asomarse a la ventana y ver el caos colorido de Valparaíso. Es como que el museo conecta dos mundos y te hace valorar la historia de la ciudad desde otra perspectiva.

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  4. La visita al Museo Baburizza le dio un sentido completamente distinto a lo que muestran los videos y presentaciones. Ver las obras en pantalla es una cosa, pero estar ahí, dentro del Palacio, hace que todo cobre vida. La arquitectura, los pasillos, la luz que entra por las ventanas… todo contribuye a que la colección no se sienta solo como “pinturas colgadas”, sino como parte de una historia que sigue viva en Valparaíso.

    Al recorrer las salas, se nota esa mezcla entre patrimonio, identidad porteña y arte europeo que caracteriza al museo. Los videos ayudan a entender la colección desde un punto de vista técnico e histórico, pero estar frente a las obras permite conectar con ellas de forma más íntima. Uno empieza a notar detalles que en pantalla pasan desapercibidos: los colores reales, las texturas, la forma en que cada cuadro dialoga con el espacio.

    También se siente más claro el rol del museo como un puente entre el pasado y el presente. Lo que en los videos aparece como “colección”, en persona se vive como un legado: de los artistas, del propio Baburizza y de la ciudad. Salir del museo deja esa sensación de que el arte no solo se estudia o se observa, sino que se experimenta, y que cada visita cambia un poco la manera en que entendemos el patrimonio cultural.

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  5. Lo que más destaco de mi visita al Museo Baburizza es la capacidad inmersiva de su arquitectura, la cual se ha mantenido tan intacta que da la sensación de que el edificio se hubiera detenido en el tiempo. Este escenario sirve de marco perfecto para lo que realmente cautiva, la conexión y el contraste entre las obras europeas traídas por Baburizza y las pinturas locales. Esta dualidad no es casual, sino que valida la historia de la ciudad, mostrando cómo el refinamiento del arte extranjero convivía con la energía y diversidad cultural de un Valparaíso en pleno apogeo portuario, confirmando que el museo es un verdadero testimonio de esa época dorada.

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  6. Mi visita al Museo Baburizza, en el famoso Palacio del Paseo Yugoslavo, fue una experiencia genial. Más allá de lo lindos que son los cuadros, como ese gigante de las vacas en la nieve o el de polvos metálicos que brilla al tiro, lo que más me atrapó fue la historia de la casa y de Pascual Baburizza, ya que en lo personal me considero una persona mas atraída por la historia que por el arte.

    Recorriendo los salones, con todo ese estilo Art Nouveau y los detalles en madera, te das cuenta de que elegir el Cerro Alegre no fue casualidad. Como él era un empresario del salitre, se instaló en este punto estratégico para tener todo el puerto a la vista. De hecho, su dormitorio daba justo al mar, así podía chequear cómo iban sus negocios apenas despertaba. Al final, fue mucho más que ver arte; fue entender cómo este personaje lograba mezclar la belleza del palacio con el poder de vigilar todo su imperio desde arriba

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  7. Visitar el Museo Baburizza fue una experiencia que me atrapó por completo. El lugar es “arte dentro de arte”: no solo por su colección enorme, sino porque el propio palacio es una obra en sí misma. Caminar por sus salas, fijarse en la madera, en los detalles y en su arquitectura, hace que uno sienta que el edificio también está contando algo.

    Pero lo que realmente me marcó fue un detalle muy personal. Entre tantas pinturas europeas y marinas, encontrar un cuadro del Valle del Aconcagua me descolocó. Ver representado mi propio lugar de origen, con su luz y sus cerros, en un museo de ese nivel, fue profundamente emotivo.

    Ese instante cambió toda la visita: dejó de ser un simple paseo cultural y se volvió un encuentro con mis raíces. Me recordó que el arte no es solo belleza distante; también puede hacernos volver a quienes somos y darnos un sentido de pertenencia, incluso lejos de casa.

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  8. Visitar el Museo Baburizza por primera vez fue una experiencia que realmente disfruté. Me encanta ir a museos y este en particular tenía muchas ganas de conocerlo. Lo que más me gustó fue cómo uno puede encontrar arte en todas partes: al principio la atención se va a los cuadros y a las esculturas, porque son las obras más típicas que uno espera ver. Pero al observar con más calma, uno descubre arte en los detalles de cada habitación, en los muebles, en las paredes, y por sobre todo en la arquitectura del palacio. El palacio no solo contiene obras de arte en su interior, sino que también es una obra en sí mismo, con su diseño, su historia y su ambiente especial, lo que hace que recorrerlo sea una experiencia aún más completa y significativa.

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  9. Mi experiencia al visitar el museo Baburizza fue bastante sorprendente, ya que nunca había reparado en que había un museo tan interesante tan cerca de la universidad. Fue una experiencia muy grata, donde se observa una arquitectura pausada en el tiempo y muy bien preservada, al igual que todas las obras. Fue muy llamativo el conocer un poco más de la historia que tiene cada obra, y del edificio en sí.

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  10. He visitado varias veces el Museo Baburizza y siempre ha sido una experiencia enriquecedora, donde tengo la oportunidad de poder volver a ver mis obras favoritas. Las obras del museo, se destacan por su riqueza en arte latinoamericano y europeo, ofrece una mirada profunda a las distintas corrientes artísticas que han marcado la historia de la región.
    Este museo no solo es un lugar para admirar arte, sino también una institución que contribuye activamente a la educación y el patrimonio cultural, y creo que el visitar este museo como actividad de clases es algo que se debería mantener.

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  11. Durante la visita al Museo Baburizza, que realicé junto a mis compañeros, me impactó profundamente la manera en que el arte logra capturar cosas que a veces pasamos por alto en la vida diaria. Mientras recorríamos las salas, me llamó la atención cómo escenas comunes como paisajes, puertos, personas, calle, las cuales podían transformarse en algo lleno de significado cuando eran plasmadas en una obra. Ver esos cuadros me hizo darme cuenta de que lo cotidiano también tiene belleza, y que muchas veces no la notamos.
    En lo personal, esta experiencia me hizo reflexionar sobre lo importante que es detenerse, observar y valorar. Caminar entre las pinturas con mis compañeros no solo fue una actividad académica, sino un espacio para conectar con mi entorno y conmigo mismo. Salí del museo con la sensación de que el arte no es algo lejano o complejo, sino una forma de mostrar lo que somos, lo que sentimos y lo que vivimos. Y creo que esa capacidad de encontrar lo extraordinario en lo común es lo que hace que el arte sea tan significativo.

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  12. Catalina Ibaceta Ledesma28 de noviembre de 2025 a las 6:51

    Lamentablemente, no pude ir a la visita del Museo Baburizza. Justo tuve un problema de salud inesperado y me fue imposible asistir ese día, lo cual me dio mucha pena.

    Sin embargo, el hecho de haberme perdido la visita me ha generado un interés enorme por conocer el lugar. He estado súper atento a las excelentes opiniones que compartieron todos mis compañeros. Los comentarios sobre lo impresionante que es la colección, la belleza de la arquitectura del palacio y la vista desde Valparaíso realmente me han picado la curiosidad. El entusiasmo general me ha convencido de que es un imperdible. Por eso, ya tengo un plan firme: apenas empiecen las vacaciones, voy a planificar mi propia visita durante el verano para poder disfrutar y ver con mis propios ojos todo lo que este museo tiene para ofrecer. Es algo que tengo que hacer sí o sí.

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  13. Durante la visita del Museo Baburizza pude notar que nos presenta o convierte el arte en un relato histórico, mostrando paisajes y escenas que reflejan la evolución cultural de Valparaíso. Su colección nos deja memoria, identidad y patrimonio de la ciudad como del mismo Pascual Baburizza.

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  14. Esta visita me hizo comprender el arte desde un lugar distinto. Ya no era mirar una imagen proyectada o analizar una obra desde conceptos; esta vez estuve dentro del espacio donde realmente ocurre. El Baburizza no solo alberga arte: se convierte en parte de la experiencia. Su arquitectura, sus escaleras, la manera en que la luz entra por las ventanas… todo dialoga con los cuadros de una forma imposible de reproducir en una clase.

    Me impresionó darme cuenta de que el museo no es solo un contenedor, sino un protagonista. Cada habitación parece tener una memoria propia, como si los muros conservaran fragmentos de quienes caminaron ahí antes. Y esa sensación cambia por completo la forma en que uno se relaciona con las obras: no solo las miras, sino que las habitas por unos minutos.

    Mientras avanzaba por los salones, sentí que no estaba recorriendo una colección, sino entrando en un relato. Uno que mezcla historia, paisaje, arquitectura y silencio. Entendí que ver arte en persona no es solo cuestión de distancia física, sino de presencia: estar ahí, sentir el espacio, dejar que te envuelva. Esa es la diferencia que ninguna pantalla puede reemplazar.

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  15. La visita al Baburizza fue, en mi opinión, un verdadero viaje en el tiempo que nos permitió conectar con la identidad profunda de Valparaíso. Más que un recorrido por un museo de bellas artes, sentí que estábamos explorando la memoria de la ciudad a través de los ojos de quienes la habitaron antes.

    Me llamó mucho la atención cómo la colección logra narrar la evolución cultural del puerto, pero lo hace desde una intimidad que conmueve. Al caminar por esos espacios, uno deja de ser un espectador externo y se siente parte de esa historia. Es curioso cómo el arte, cuando se presenta en un entorno tan cargado de simbolismo y belleza arquitectónica, deja de ser un concepto teórico para convertirse en una experiencia sensorial completa. Definitivamente, es un lugar que nos enseña que para entender nuestro presente cultural, es necesario caminar físicamente por nuestro pasado

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  16. Mi visita al Museo Baburizza me dejó la sensación de que el arte y la historia se entrelazan de una forma mucho más profunda cuando uno está ahí en persona. Ver los cuadros en los videos sirve para entender su contexto, pero caminar por el Palacio, con su estilo Art Nouveau, la luz entrando por las ventanas y esa vista privilegiada al puerto, hizo que todo cobrara un sentido distinto. Como a mí siempre me ha atraído más la historia que el arte mismo, me impactó descubrir cómo Pascual Baburizza vivía rodeado de belleza mientras observaba desde su dormitorio el movimiento del puerto y sus negocios. Sentí que no solo estaba mirando una colección, sino entrando en la vida de alguien y en la identidad de Valparaíso. Al final, más que apreciar pinturas, fue comprender cómo un lugar puede convertirse en un puente entre pasado y presente, y cómo una visita así te cambia la forma de ver el patrimonio cultural.

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  17. La visita al Palacio Baburizza me gustó porque el lugar en sí ya es una obra de arte: la arquitectura, los detalles antiguos y la vibra del edificio hacen que uno entre en modo “wow” antes de ver cualquier cuadro. Me llamó la atención cómo las obras se sienten distintas dentro de ese espacio, como si el museo mismo les diera otra atmósfera. Además, caminar por las salas y ver la mezcla entre historia, arte y el paisaje de Valparaíso desde las ventanas fue una experiencia súper completa y muy distinta a ver arte en un museo más moderno.

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  18. Ese día contemplamos las maravillas del museo. En lo personal, la arquitectura me pareció increíble: tanto el mobiliario como los detalles de las paredes mostraban una delicadeza admirable, combinada con materiales que suelen ser difíciles de trabajar.

    Entre todas las pinturas, destacaría la góndola veneciana. Su estilo, basado en manchas de pintura, parecía mucho más detallado a la distancia, logrando reflejos y efectos de agua sorprendentes; pero al acercarme descubrí que eran solo manchas muy bien agrupadas, lo cual me sacó una sonrisa.

    En cuanto al mobiliario, la mesa de Luis XVI me cautivó por su nivel de detalle. Los leones tallados en la base y las imágenes colocadas sobre la cubierta transmitían una sensación de elegancia excepcional.

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  19. Visitar el Museo Baburizza fue algo muy interesante, ya que viviendo en Valparaíso y tener tan cerca este tipo de lugares, fue maravilloso poder contemplar las obras que ahí se exhiben, así como la visita guiada que pudo compartir un pedazo de historia para poder trasmitir las vivencias de aquella época y cómo muchas de esas obras llegaron ahí. A su vez, la oportunidad de poder observar las distintas propuestas de artistas chilenos que evidencian la proyección de una perspectiva cercana en tiempos donde no existían los medios digitales y esta forma era de las mejores maneras de expresarse.

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